Cheese Potato

En enero de este año decidí mudarme a Chicago, la ciudad de los vientos. Desde que llegué he entendido lo “jíbara” que soy. En las primeras tres semanas el clima siempre fue entre -0 y 20 grados. Los días eran grises y cortos, y a eso de las 4:00 p.m. ya caía el sol. En la adaptación del cambio, mis lágrimas eran mi nueva crema de cara y las ganas de abrazar a mi perra eran mi nuevo antojo diario.

En uno de esos días de transición y soledad decidí sacudir la tristeza y hacerme una réplica del chocolate caliente de mi madre. Ese que solía hacernos en los “fríos” días navideños de Puerto Rico.

Así que me preparé con los cuatro layers de ropa, caminé entre la nieve y llegué al supermercado que está frente a la casa. Cuando entré caminé directamente hasta la quesería del segundo piso a buscar el ingrediente clave para la réplica: el queso de papa.

Queso de papa

Allí con mi voz nerviosa, por mi inglés matao’, pero bien segura dije: “I’m looking for potato cheese or queso de papa”. Con una sonrisa esperé que el dependiente me preguntará cuánto quería. “Nunca he escuchado de eso y llevo trabajando 10 años aquí”, me respondió. No negaré que mi mundo se terminó de caer. Le di las gracias y me retiré aturdida mientras me repetía para mis adentros: “¿Y ahora qué haré? ¡Ya no podré salir de esta depresión! Tendré que irme de vuelta a la Isla. ¿Cómo estos gringos pueden vivir sin queso de papa? ¡Esta gente no ha vivido!”.

Respire hondo como mi psicólogo me enseñó para controlar los momentos de ansiedad y busqué una solución rápida: pedirle a mi papá que me enviara el queso por correo, así tuviera que pagar un shipping ridículo.

Y así fue la conversación:

–“Pa, bendición, mira es a ver si me puedes ayudar, lo que pasa es que tengo antojos del chocolate caliente que nos hacía mami, ¿te recuerdas?”.

–“Sí, mi amor, ¿qué necesitas, la receta? Eso es lo más sencillo de hacer”.

–“Pa, es que aquí no venden queso de papa y sin eso no es igual.”

–“Cómo es que no venden queso de papa, eso es más americano que nada. ¿Tú estás segura, Ana Marie? ¿Buscaste bien? ¿Preguntaste?

–Claro que pregunté, me dijeron que nunca habían escuchado eso de queso de papa.

–(Entre risas) ¡Ay mi amor, que jíbara eres! El queso de papa es queso cheddar.

Me quedé muda.

Al día siguiente regresé al supermercado. No solo había queso cheddar, sino que había muchas clases de queso cheddar… Pero lo pude comprar para, finalmente, hacer la réplica del chocolate caliente de mi madre.

Así aprendí que no importa lo mucho que haya viajado, lo de “jíbara” nadie te lo quita. Y que, aunque seré boricua hasta mi muerte, hay muchas otras maneras de nombrar la realidad. Estoy aprendiéndolas.

Boricua save (1).gif

ps — Gracias papi, por darle un “save” a mi depresión sin queso de papa.


IMG_7698

Ana Marie Rivera es publicista de diploma y profesión. “Me gustan las flores, el café, los perros y hablar rápido. Soy experta en papelones. No soy gorda estoy rellena de amor. Soy un alma tropical viviendo en Chicago”. Esta es la primera de sus crónicas breves de la vida en la Ciudad de los Vientos.

 

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