“Transversándome”: una invitación a nuestro otro lado

Portada
Portada suministrada por el autor. Transversándome está a la venta en las principales librerías de Puerto Rico y en Amazon.

 

Es difícil leer la obra Transversándome, del autor puertorriqueño José Enrique García Oquendo, sin que la impotencia nos carcoma. Asumir la exploración de las páginas del libro se vuelve un reto emocional porque el escenario es una montaña rusa que afecta al protagonista.

Hay una red entramada por diversas situaciones: la pobreza, su niñez y desarrollo en el residencial público Manuel A. Pérez, el abuso sexual por parte del esposo de una tía y el silencio de la familia ante el evento, la Escuela Libre de Música, la Congregación Mita, la exploración sexual, la Universidad de Puerto Rico, la muerte de familiares y amigos, el comunismo, el marxismo, las ideas independentistas, las dudas religiosas, el liderazgo, las crisis emocionales y las reglas de la sociedad. A medida que va avanzando la narración, se desata un enfrentamiento entre esa telaraña y un sujeto que se descubre distinto. Es un cuerpo batallando contra todas las estructuras de poder que obstaculizan la plenitud de su libertad; al principio, custodiado por una variedad de miedos.

El libro híbrido se abre ante nosotros como un mapa que nos muestra el camino andado. Ese trayecto nos cuenta la vida de José Enrique al mismo tiempo que nos presenta la producción poética y narrativa del niño-joven escritor. Destaca, mayormente, la poesía libre, sin rimas ni métricas. En este sentido, las letras son una metáfora del despojo de ataduras que busca el cuerpo. Vemos cómo la obra recibe el impacto de los momentos trascendentales de su vida y cómo sus ideas van tomando mayor dimensión a medida que va adquiriendo nuevos conocimientos y experiencias.

Un detalle que me gustó mucho es que los primeros poemas se conservan con los errores ortográficos y las estructuras básicas con que se originaron. Ese matiz de pureza es algo que valoro, mucho más en libros basados en historias reales. Es un aspecto que nos permite conectar las diferentes caras de la evolución del autor como ser humano y las nociones de transición del conservadurismo a unas perspectivas abiertas o liberales.

La narración es cronológica. De su infancia y niñez señala cómo la palabra “patito”, en la boca de sus compañeros de la escuela, fue el tatuaje que lo destinaría a ser diferente en medio de una multitud tan igual; incluso, antes de que la orientación sexual homosexual se le revelara en su vida. Sin embargo, él no sería un homosexual común y corriente, sometido a las guías sociales que rigen también ese camino.  

Durante la preadolescencia y adolescencia, desarrolla un sentimiento patriótico y una conciencia sobre la patria, nuestra situación colonial y nuestro dolor como país. Ello se plasma en la poesía de esos años nutrida por la obra literaria de Julia de Burgos, Luis Lloréns Torres, Virgilio Dávila y Luis Palés Matos, y las composiciones musicales de Rafael Hernández.  

Cuando alcanza la etapa adulta, el liderazgo lo abraza. Los deseos de un mundo más justo cobran fuerza y se involucra en diversos escenarios. Luego, en 2009, José Enrique afirma que su vida se volvió poesía. Los versos se convierten en esa fuente de transformación y sanación interna. Los poemas sirven de cartografía para guiar el repaso doloroso de una vida en la lucha y trazar un camino futuro de bienestar.

Quiero destacar tres aspectos que me llamaron la atención en el proceso que el autor afronta para levantar el andamiaje de la identidad: lo político-social, lo mediático y lo romántico.

Lo político-social

La ruta del libro está conectada a eventos históricos que sacudieron también a Puerto Rico. El cuerpo deja de ser una carne individual para ser símbolo de los embates que golpean a la masa. Sin embargo, hay cuerpos que enfrentan el horror de la guerra mientras otros miran desde las gradas. Uno de esos cuerpos es el de José Enrique, quien pelea a veces con frustración de ver que el mundo sigue silente e inmóvil ante la destrucción.

El autor participó en el Consejo de Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, la lucha contra la privatización del teatro de la Universidad en 2006, en la Liga Estudiantil, en el boicot al local El 8 de Blanco, en Río Piedras, luego de un alegado ataque violento contra una pareja de lesbianas, en protestas y manifestaciones, incluso lo arrestaron durante la huelga de la Federación de Maestros en el 2007.  

Lo mediático

El aspecto mediático tiene una influencia inherente de lo político-social. Como periodista, no deja de llamarme la atención la manera en que ciertos eventos noticiosos afectaron la poesía de José Enrique. Me refiero a tres asesinatos en particular: el del líder machetero Filiberto Ojeda Ríos en 2005, el del joven homosexual Jorge Steven López Mercado en 2009 y el de la cantautora Ivania Zayas en 2015. En estos casos, había una conexión especial entre José Enrique y las tres víctimas, ya sea por ideologías o lazos de amistad. No obstante, se hace complejo cuando los discursos que se defienden son abatidos por la violencia y la negligencia. Aun más, cuando algunos medios de comunicación lanzan culpas a las víctimas en sus narrativas durante el proceso de recrear los hechos.

El panorama se nubla al saber que dependemos de los medios de comunicación para construir nuestras opiniones y perspectivas. ¿Qué hacemos cuando la prensa no ayuda en ese proceso? ¿Qué hacemos cuando los medios son voceros de las ideas que tantos luchan por erradicar? ¿Qué hacemos cuando la violencia nos sigue arrebatando la esperanza?

Lo romántico

En 2009, José Enrique conoce el amor a través de un chico llamado Jonathan. Fue un amor que llegó para alumbrar y dejar a oscuras. Fue el amor versus el dolor. O el amor abrazado por el dolor. Es ese dolor que se queda después del abrazo que no sospechamos que sería el último. Es el dolor que asalta cuando el otro vive en el clóset y es objeto de manipulación constante.

Una vez terminada la lectura y analizados estos puntos, concluyo que para leer Transversándome hay que saber respirar profundo. No acostumbramos inhalar fuerte ni agarrar bocanadas profundas de aire. Tenemos prisa hasta para respirar. Sin embargo, la única forma de salir vivos de este libro es haciendo el ejercicio hondo ante el atropello al que pareciera estar condenado el protagonista. No hay garantías de salir ilesos. Y es que si se tiene un poco de conciencia, la historia nos lastima. Porque pone ante nuestros ojos los efectos nocivos de las construcciones sociales. Porque nos muestra que una persona sensible sufre mucho más que cualquiera de los tantos seres humanos manipulados que nos rodean.  Porque nos confirma que el proceso de armar la identidad es doloroso, pues conlleva romper las columnas vertebrales que históricamente nos han propuesto como sostén.


Mi foto

Richard Rivera-Cardona (Puerto Rico, 1989). Escritor y comunicador. Ganador del Premio a la Excelencia Periodística del Overseas Press Club de Puerto Rico (2014) y del Undécimo Campeonato Mundial de Cuento Corto Oral (2016). Participó en la antología De sombras y claridad (Iniciativa Comunitaria, 2018). Sus  textos han sido publicados en periódicos y revistas de México y Puerto Rico. Es egresado de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, donde completó, además, un bachillerato en Periodismo. 

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