Reseña: La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero (Seix Barral, 2013)

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Marie Curie en su laboratorio

La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral, 2013), de la escritora española Rosa Montero, presenta al lector una fórmula de composición y lectura que se aleja de lo tradicional, imponiendo creativas ambigüedades y paradojas. Es un texto que combina los géneros de la novela, el ensayo, la memoria, el diario y la autobiografía, para entregarnos una historia que se alza en el tránsito de dos secuencias narrativas que se entrecruzan, se distancian y se vuelven a tocar a lo largo de poco más de 200 páginas.

Dos historias, dos narraciones

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En breve, el libro muestra la lectura que hace Montero del diario íntimo de la científica polaca Marie Curie. Se fija particularmente Montero en las experiencias documentadas por la científica tras la muerte de su esposo Pierre Curie, atropellado por un coche de caballos en 1906. Este acercamiento despierta el enfrentamiento de Montero con su propia intimidad, pues ella también ha perdido a su esposo, Pablo, enfermo de cáncer. Las historias entrelazadas de las respectivas pérdidas hacen de este libro un enfrentamiento del duelo a dos tiempos.

Montero se apoya en el diario íntimo de Marie Curie para narrar su proceso de pérdida y en la biografía que su hija Ève publicó en 1937, y filtra tanto los testimonios como los datos biográficos por una perspectiva revisionista. Después de todo, es también la historia de la primera mujer ganadora de un Premio Nobel en 1903. Así, bajo el telescopio literario, en este libro la científica es –una vez más– el eje de disertaciones sociales sobre la equidad, el reconocimiento de las mujeres en las ciencias, la maternidad y el feminismo, a pesar de que Curie “jamás mencionó, ni de refilón, el evidente y feroz machismo de la sociedad en la que vivía, y nunca resaltó las injusticias concretas que ella misma sufrió, que fueron muchas” (128).  

Sin embargo, toda bitácora es un registro de experiencias y toda experiencia se articula según las relaciones de poder del individuo en sociedad. Por ello, algunas mujeres propenden a narrar sus memorias a través de la vida de sus vínculos maternales o amorosos. Así ocurre con la imagen que encontramos de Marie Curie en su diario, una imagen alterada por la figura ausente de Pierre, a quien la mujer exalta ante su ausencia definitiva.

Buscar cuál sería, si no esta, la imagen más “auténtica” de Curie –a quien conocemos a través de un texto privado, que está dirigido a Pierre y no a nosotros– es una tarea ilusoria, que levantaría el debate sobre la ficcionalización del personaje histórico. De hecho, este es un tema que aborda Montero en el capítulo “La bruja del caldero”, en el que detalla las persecuciones contra Curie por su relación con un hombre casado, el físico francés Paul Langevin:

Manya Sklodowska [nombre de pila de Curie] fue una persona perseguida por la leyenda. El mito que hoy existe en torno a su memoria, siendo enorme, es probablemente menos exagerado que el que tuvo que soportar mientras vivía. Además su fama pasó por todo tipo de avatares: primero fue considerada una santa, luego una mártir y después una puta, y todo ello de una manera ardiente y clamorosa (99).

Al mismo tiempo, en la narración de Montero la imagen de Marie Curie también es caleidoscópica: víctima de una familia androcéntrica, institutriz despreciada por su pobreza, estudiante y científica tenaz, genio desequilibrada, amante de Pierre, la madre distante de sus hijas Irene y Ève, “viuda loca” que guarda un pañuelo con los sesos de su amor o la amante de un hombre casado.  

La(s) memoria(s)

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Marie y Pierre Curie

El episodio de la muerte de Pierre Curie está documentado en el diario de su viuda en forma de cartas a este.  Al momento del accidente el matrimonio había discutido, así que a diferencia de Montero, que acompañó a su esposo en el lecho de muerte, la científica no pudo despedirse. Por eso, Curie escribe con la desesperación de la imagen que va desvaneciéndose: “Y una vez más te besé los párpados que tú cerrabas tan a menudo para que yo los besara, me ofrecías la cabeza con un movimiento familiar que recuerdo hoy y que veré difuminarse en mi memoria; ya el recuerdo es confuso e incierto” (87).

Efectivamente, el asunto de la memoria en La ridícula idea de no volver a verte es complejo. Leemos las memorias de Marie Curie a través de los ojos de Rosa Montero, quien, a su vez, acota el texto con sus propias anécdotas o comentarios sobre el duelo. Por otro lado, aparecen en el volumen hashtags que –creo– buscan elevar la conexión de la experiencia íntima de Curie y Montero con las experiencias de los lectores, generándose así una suerte de memoria compartida.

#Felicidad, #HonrarAlPadre, #HonrarALaMadre, #Raros, #Lugardelamujer, #Culpa, #Coincidencias, #Palabras y #Hacerloquesedebe son algunos de los hashtags. Hay quien podría pensar que la autora ha querido imprimir un aire de modernidad a su obra. Pero, en realidad, Rosa Montero(@BrunaHusky) es una de las escritoras con más presencia en las redes sociales y conoce bien que la función de estas etiquetas es reunir a los usuarios bajo un mismo signo o tendencia. En su libro, los hashtags significan algo así como “todos hemos pasado por esto o algo similar”.

Lo imposible es ridículo

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Rosa Montero junto a su esposo Pablo Lizcano

Sobre la muerte de su esposo Pablo poco revela Rosa Montero. Al contrario de todas las confesiones que hace en su libro La loca de la casa, aquí Montero se contiene. Leemos sus opiniones sobre Marie Curie, conocemos algunas anécdotas, pero su dolor e historia junto a Pablo permanece cifrada. En uno de los pasajes más cercanos a desvelarnos su dolor lo acepta: “Dice mi amigo que Pablo no está en este libro, y a mí me parece imposible que esté más […] ‘le recuerdo’. Esa sí es la pura verdad. Dentro de mi cabeza está todo él” (195).

Al precisar que Marie Curie olvida la imagen de Pierre, Montero dice que la memoria es traidora, débil, mentirosa (87). Así también dice Montero que es imposible que el lenguaje le haga justicia a Pablo: “Tendría muchas más palabras que decir sobre él, pero no nos llevarían a ningún lado; esa no es manera de definirle” (195).

He aquí la gran paradoja de La ridícula idea de no volver a verte: la científica se vuelca en su diario íntimo, mientras la escritora encuentra el lenguaje insuficiente. ¿Será escribir de Pablo arriesgar la memoria? ¿O es que simplemente su ausencia es demasiado ridícula como para escribir sobre ella?

Lo que sabemos es que lo ridículo es aquello que no puede ser. De ahí el “ridículo” que hace Marie Curie al conservar los sesos de Pierre en un pañuelo, y también el significado del título de este libro en el que se vuelven a librar la batalla entre el escritor y la nada que se esconde tras el “siempre”  y el “nunca”, esas dos palabras absolutas que, bien dice Montero, “no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo”.


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 Anuchka Ramos Ruiz es autora de No me quierasAutopsia (Ediciones Aguadulce) y Claustrofobia (EDP University). Catedrática Auxiliar de la Universidad del Sagrado Corazón. Posee un Doctorado en Estudios de la Cultura y la Literatura de la Universidad de Santiago de Compostela.

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