Los monstruos no existen

hands-2606959_1920

Siempre le dijeron que no creyera en los monstruos. Cuando niña, asustada, siempre escuchó que no debía creer en los monstruos. Y ella no creyó.

Siempre le dijeron que los monstruos no existen y que las personas inteligentes no creen en los monstruos. “Todo tiene una explicación lógica”, le decían. Y ella lo creyó. Tuvo miedo y buscó esa explicación lógica. Pero no la encontró. Ella era inteligente, entonces inventó la explicación, porque los monstruos no existen. La explicación le calzó perfecto, le sirvió para justificar el temor, luego el nerviosismo, la ansiedad, el terror.

A veces miraba con cuidado dentro de los clósets, solo por si acaso, para asegurarse de que los monstruos no existen. El miedo seguía ahí, aunque no podría ser miedo a un monstruo, porque los monstruos no existen. Solo Dios existe, es real. Y los ángeles, y el espíritu santo, y la Ave, y la Eva, y los milagros. Esos sí son reales. Los monstruos no.

A veces sentía la necesidad de encontrar eso que la aterrorizaba. Y buscaba en los bolsillos, en el auto, en los armarios, en el reflejo del espejo, en el botiquín, entre papeles viejos que no le pertenecían, en su billetera, en sus ojos. Entonces sentía un miedo irracional, pero ridículo, claro, porque los monstruos no existen. El miedo la paralizaba y se sentía tonta. Tonta porque solo los tontos creen en monstruos y explican sus miedos creando monstruos.

Un día el monstruo estuvo frente a ella. Ojos iracundos, voz salvaje, incontrolable y aterrador. Ella no quería creer en monstruos, ¡los monstruos no existen! El terror le recordó que ella era inteligente. Y comprendió que los otros son los tontos, porque los monstruos sí existen. Tanto tiempo atormentada por un monstruo y ella creyéndole a los tontos que decían que los monstruos no existen. Se lo dijo a sí misma, en silencio, en el fondo de su cabeza, en el fondo de su alma: “Los monstruos sí existen…”.

Lo musitó mientras temblaba frente al monstruo: “Los monstruos sí existen”. Lo dijo despacito, tomando un poquito de aire para susurrarse a sí misma: “Los monstruos sí existen”. El monstruo estaba allí. Siempre estuvo allí, acechándola, atormentándola. Abrió la boca y lo dijo más fuerte, como para convencerse a sí misma: “Los monstruos sí existen”. Entonces hizo lo único que podía hacer: huyó. Sobrevivió y se repitió una vez más que los monstruos sí existen.


P1040879

Valeria N. Mora-Hernández es fanática de las tortugas. Le gusta cocinar y tejer. Ah, sí, también es Magíster en Literatura y actualmente está estudiando el doctorado en la misma área. Trabaja con textos españoles del siglo XVI y XVII. Además, es chilena, pero vive en South Bend, Indiana.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s